Una Serie de Eventos Afortunados

Quería recomendar esta serie porque nunca olvidaré aquella tarde en tercer grado; mi profesora personificando al villano en un timbre siniestro...

Una Serie de Eventos Afortunados

Recomendación: A Series of Unfortunate Events, Lemony Snicket


Pienso mucho en Ms. Cristiana, mi profesora de tercer grado, quien se empeñó en dotarnos con la dicha de la lectura.

Tal vez fue antes, rodeada de tomos y cuadernillos amarillentos—los libreros de mi papá o mi abuelo—que me decidí por una vida de palabras. Más atrás: bebecita, escuchando y aprendiendo a leer oraciones; recuerdo un librote azul con imágenes de animalitos felices y bien portados, la moraleja que concluía cada capítulo como epígrafe a todo lo que estaba por venir.

Sé que fue cuando aún no desarrollaba las capacidades críticas de lectora adulta (¿y esas cuando aparecerán?), sé que el mundo entrañable y desordenado era grande en esos entonces, sé que entendía poco y conocía menos, sé que, de alguna manera, a través de una serie de eventos afortunados, la narrativa me cautivó y aquí estoy escribiéndoles.

Quiero leer más.

Si, yo también. La meta eran 25 este año y con suerte voy a llegar a los 20.

Quiero leer más.

Difícil está en una época de pantallas. Me distraigo cada vez que alumbra el aparato—quién será, qué pasó, cuántos likes—o el perro ladra o mi hermano me llama o…¿en qué estaba? Ah, si:

quiero leer más.

Hay tantos libros por leer y ya me pasé veintiocho años sin leerlos. Se me acabó el encierro de la pandemia y se me acabó el 2021.

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Y de pensar, tanto que tuvo que suceder para que llegara a este momento—las repisas y las fábulas y los recuentos de mi profesora…que dicha la que tuve de aprender a amar la lectura. Tiene que ser un privilegio gozar de las historias que alguien más nos dejó. Y como muchos privilegios, se esconden en vista plena hasta que se vuelven parte del efluvio de nuestra cotidianidad y nunca más volteamos la mirada, agarran polvo, se convierten en estantería.

Supongo que parte de todo el tema del privilegio es reconocerlo y trabajar para redimirlo, invertirlo en los demás, ¿cómo es que dicen los gringos? Spread the wealth.

Quería recomendar esta serie porque nunca olvidaré aquella tarde en tercer grado; mi profesora personificando al villano en un timbre siniestro, al narrador con sus divagaciones de diccionario, mi incredulidad ante lo fantástico de la serie de eventos, de tres niños inteligentes (lectores, naturalmente) y, pues, verdaderamente desafortunados. Trece libros: y cada seis meses que ahorraba mi mesada, compraba el siguiente, hasta agotar la serie y el cerebrito.

La lectura no es hábito fácil de adoptar, a menudo es costumbre que alguien nos hereda. Saber que me cayó casi como coincidencia, así como ocurren la mayoría de pequeños milagros—una serie de eventos afortunados—me impulsa a recomendar, recomendar, recomendar (mi hermano no me aguanta). Quiero leer más: podés, ahora mismo, antes de cenar, junto a tus hijos, con una amiga del alma, en la fila del banco…podes. Si querés, empezá con Lemony.