Otra pendeja hablando de Israel y Palestina

Estamos hablando de un pleito de milenios, ¿y yo, que me quedo contenta con un infográfico? Vale la pena leer un poco más, tal vez unos dos siglos de contenido...

Otra pendeja hablando de Israel y Palestina

En vez de plagiar la introducción de Thomas L. Friedman—académico e intelectual que cita un diálogo de Huckleberry Finn en su libro From Beirut to Jerusalem—yo he optado por comenzar con una breve fábula, hondureñísima y millenial-isima: la de la pareja tóxica.

Es tóxica porque sus integrantes llevan años en este lío de brechas en comunicación, movimientos inoportunos, tal vez una opinión que nadie pidió…y así como una gotera latinoamericana comienza con su tap tap inofensivo, llega el día en que la cisterna amanece vacía, y la cosa entra en caos.

Fuente: Getty Images

Y para no enredar metáforas y entregarles muy precisamente la moraleja: estoy hablando de la magnitud de horrores geopolíticos que aterran aquel pedacito del mediterráneo en donde se ubican las naciones (ni sé si supongo decirlo así) de Israel y Palestina.

La Crisis Israel - Palestina

Dado los sucesos de hace un par de días, con pocas ganas entro a la discusión,  porque me percibo como una voz entre muchas hablando del conflicto.

Fuente: BBC

No he visitado la región. He leído apenas un par de libros (el de Tom Friedman lo recomiendo). Ni me atrevo a encender las noticias (¿qué canal?). Mis redes sociales rebalsan con publicaciones de conocidos que, al parecer, se convirtieron en expertos geopolíticos durante estas semanas de mayo. Tengo una amiga palestina y otra israelita y compartimos dos años de estudios juntas y obviamente que les pregunté qué onda con esto.

Ni sé si ellas saben que onda con esto.

Soy de la tradición de investigar las opiniones ajenas antes de formar una propia. Una búsqueda en el NYTimes, le pregunto a Roger Ebert, incluso una lista de Penguin. Confiero con los amigos de confianza, al derechista que desdeña a Trump y al izquierdista que reconoce los excesos de la ideología.

La falencia de este modus operandi es que, de alguna manera, soy yo la que decide a quién preguntarle.

Pero con ciertos temas, parece que no hay a quién preguntarle. Todos somos protagonistas de nuestras vidas, y es a través de esta narrativa del yo, en cual uno se considera el centro del universo, que los hechos y los sucesos se acomodan. No podemos evitarlo: yo miro a través de mis ojos: es literalmente imposible que mire a través de los tuyos.

Put on your pink glasses! Goooood times :)
Photo by Marek Piwnicki / Unsplash

Y todo lo que me sucede lo interpreto en base a un marco teórico que es producto de mis pocos años de experiencia, de lo último que me pasó, de las cicatrices emocionales y los dramas cotidianos…existo como una pelota de experiencias digeridas y elaboradas en opinión.

Ahora multiplicá eso por mil quinientos cien mil años y agrega dimensiones de género y raza y religión y culto y familia y barrio y comunidad y tres o cuatro intifadas y mentiras y verdades…

Son relaciones tóxicas. Ninguna de las partes es dueña de la razón. Lo que sucede pasa por tres filtros hasta llegar a tus manos (ya sea el Instagram refinado de la IDF o los 'Pallywood' de antaño), y ese producto imaginario es lo que aceptas como realidad. Entonces ni vos, ni mucho menos yo, puede opinar. O tal vez sí. Tal vez siempre se debería de opinar.

Why the ‘Pallywood’ myth endures
A lasting legacy of the Second Intifada is the pernicious idea that Palestinians cannot be trusted to narrate their experience of Israeli oppression.

No me pronunciaría como relativista—me da un sentimiento de confort barato creer en el imperativo—pero después de años de tap tap tap, creo que el concepto ilusorio de ‘la verdad’ se hundió en las profundidades de Galilea y rescatarlo es un trabajo para el cual definitivamente no califico.

Regreso a Friedman, quien se rehúsa a actualizar la introducción de su libro de hace casi medio siglo. En el 2012, bromeó que sería de una oración:

Nada ha cambiado.