No Quiero Dejar de Fumar

He dejado de fumar y no sé cómo me siento al respecto. Creo que no bien. Creo que no quiero dejar de fumar.

No Quiero Dejar de Fumar
Dijo una vez Oscar Wilde que el cigarro era el perfecto placer.

No sé: la cultura cambió.

Nos parece ridículo pensar que hace no muchos años, los aviones se dividían en secciones de fumar y no fumar—la ironía es que no se dividían y al final toda la cabina respiraba la misma hediondez. O que había propaganda vendiendo al cigarro como algo sensual, exótico, interesante.

"Bob Norris muere a los 90 años: probablemente porque nunca fumó." - Titular, New York Post, 2019.

¿Quién no quería crecer en la imagen del Marlboro Man? Toda mujer de la pantalla fumaba, hasta Cruella De Vil. Y fue justamente ella quien me hizo reaccionar, en la sala de un cine dominguero, admirando y horrorizándome de la protagonización de Emma Stone, que me di cuenta de que ya no era cool fumar.

Claro, yo no crecí con el Marlboro Man, ni jamás trabajé en una oficina donde se era permitido fumar para pasar las horas infatigables. Tengo suficiente edad para recordar los bares claustrofóbicos que nos envenenaban a tan tempranas edades, o que los restaurantes gozaban de un apartheid similar al del avión.

Imagen publicada en Chicago Tribune, 1981.

Mis padres fumaban, mis primos fumaban, y junto a mis amigas nos robábamos sus cigarros y nos hacíamos las sofisticadas. Pero a medida que pasan los años, somos pocas las que aún cargan un encendedor dentro de sus carteras.

Yo fui un vestigio de esa época menos cuidadosa, y de vez en cuando una de mis amigas me dice ya dejá eso. Y luego buscan su e-cig.

Au Revoir, ¡Tabaco!

Dije yo un 24 de junio, este es mi último cigarro—creo.

Pues entonce dejé de fumar.

Lo hice por razones propias, y a medias; adquirí uno de esos cigarritos electrónicos bajos en nicotina, ‘elegantes’, que expulsan humaredas melosas y que provocan la duda: ¿son en verdad estos reemplazos sintéticos superiores al tabaco de mi abuelo, y de su abuelo antes de el?

Hay muchos estudios haciendo las rondas, algunos que he leído y otros que no me provocan. Conozco de la prohibición en las ciudades norteamericanas, las cautelas que una generación de fumadores exhala hacia nosotros los jóvenes ingenuos. Todo muy común y de esperarse con el bostezo culminante de una época antigua que se consterna ante la llegada de la nueva nube.

Quick shot of my table while we setup the photoshoot for our website Vapeblog. In the center, you can admire my fresh new electro box from dotmod along with a bunch of eliquids.
Photo by Antonin FELS / Unsplash

Por mi parte, me detesto. He leído suficiente para concluir que las personas que yo considero fabulosas fumaban. Ignoro el aroma de un cabello trasnochado, o el movimiento de cuerpos que se encogen al proteger la llama del último fósforo. Ignoro la vejez precipitada que el hábito implica, los males corporales, las tonalidades de grises que invaden al mundo y los pulmones y los rostros de humo: ignoro el mensaje desesperado inscrito en cada cajetilla que compraba: esto es dañino a la salud.

El cuerpo se cura de cualquier adicción en un periodo de 21 días. Pero no es una adicción de cuerpo sino de espíritu la que me aflige, que he renunciado a la idea de quién soy y cómo me presento al mundo. Estoy renunciando al romanticismo de antaño, al momento inoportuno en que un extraño se me acerca a encender lo que algún día me terminará apagando, al primer golpe de químicos que trastornan el sistema, estoy renunciando a la intriga y el peligro de una costumbre que pasó de moda.

Fuente: WiffleGif

Y desdeño el afán por los nuevos productos tabacaleros, estas maquinitas de muerte que cargamos y recargamos, que desconocemos y amamos al mismo tiempo. Será acaso un atavismo propio de aquel que rehúsa cambiar, ¿el no querer adaptarse a lo nuevo por su calidad de nuevo?

La cultura cambió y tal vez yo no quiero cambiar con ella. Me parece muy propio de mi generación que nos apegamos a estas cosas, que somos plástico en búsqueda de más plástico. Voy a dejar de fumar, pero lo hago con rencor hacia el mundo que me lo demanda, que me empuja hacia distintos modos de ser que aún no reconcilio en mi misma.

Dejo el tabaco, el perfecto placer de Oscar Wilde, y me incorporo en las filas de los demás, y hay una pequeña parte de mi que permanece en las nubes, inhalando impaciente, añorando lo que una vez pensé me hacia interesante.

Fuente: Quotes.pub