La madre de todas las sitcoms llega a Netflix

Creo que a este mundo cada vez más polarizado y lleno de gente que cree ser dueña de la verdad absoluta le hace falta un par de maratones de Seinfeld. Tal vez así entenderíamos que, en el fondo, todos somos una mierda.

La madre de todas las sitcoms llega a Netflix

Puedo asegurar, sin mayor temor a equivocarme, que el principal legado cultural de los gringos en el siglo veintiuno serán sus maravillosas sitcoms. Digo esto con la autoridad que me da el llevar veinte años disfrutando de ellas, y consciente del fundamental rol que jugaron en mi formación como un orgulloso adulto millennial. Sí, lo digo de nuevo sin tapujos ni vergüenzas: las incontables horas que dediqué en mi adolescencia a ver comedias de situación me convirtieron en una persona más tolerante, respetuosa y observadora. Me enseñaron a normalizar lo que debe ser normal, y a celebrar la diversidad y las peculiaridades de todas las personas que se han cruzado en mi camino (y las propias).

He reído y disfrutado con casi todas. Pero si fuera a quedar varado en una isla desierta y solo pudiera empacar una en mi maleta, sin duda me llevaría a la madre de todas las sitcoms: Seinfeld. Y es que desde mi experiencia he comprobado que, sin la serie acerca de nada, muchas de las otras que le siguieron y también hicieron historia, habrían sido muy distintas y menos relevantes.

Jerry Seinfeld y Larry David marcaron el camino y se atrevieron (aunque más creo que no les importó) a escribir sobre temas que, décadas después, seguirían siendo centrales en muchos episodios de otras series que hoy también son parte esencial de la cultura pop. En otras palabras: siguieron contando las mismas historias de forma distinta. O, para ser aún más explicito: se robaron ideas y observaciones que Seinfeld utilizó antes que ellas. No busco con esto desprestigiarlas acusando a sus escritores de ladrones. Creo que robar es casi inevitable en las disciplinas creativas, y es un arte en sí el saber hacerlo sin levantar sospechas.

Para comprobarlo hice un entretenido ejercicio comparativo entre Seinfeld (1989-1998) y una serie posterior que, además de ser más popular, está más fresca en la memoria de la mayoría de las personas: Friends (1994-2004). Otra de mis sitcoms favoritas, pero también una de las primeras que recicló situaciones y chistes inmortalizados años antes por Jerry, Elaine, George y Kramer.

Empezaré por lo general e iré avanzando a lo específico. Friends, al igual que Seinfeld antes que ella, se desarrollaba casi por completo en dos locaciones: una cafetería y un departamento en New York .

Arriba: el apartemento de Jerry Seinfeld localizado en 129 West 81st Street. Abajo: el apartamento de Monica Geller localizado en 495 Grove Street.
Arriba: Monk's Café, la cafetería en Seinfeld. Abajo: Central Perk, la cafetería en Friends. 

Los dueños de los apartamentos (Jerry y Monica) eran personas obsesionadas con la limpieza.

Y ambos tenían vecinos tan simpáticos como gorrones, los cuales lograban pagar la renta en una de las ciudades más caras del mundo de formas misteriosas.

Izquierda: Joseph Francis Tribbiani Jr. Derecha: Cosmo Kramer

Antes de los alias Regina Phalange (Phoebe) y Ken Adams (Joey) existieron Art Vandelay (George) y H.E. Pennypacker (Kramer).

Empecemos a profundizar con ejemplos puntuales. En el episodio diecisiete de la quinta temporada (1994), Cosmo Kramer decide ir a un salón de bronceado para verse menos pálido a causa de la falta de sueño. Durante la sesión se queda dormido y el resultado es el mismo que obtiene Ross al no seguir las instrucciones de la cámara de bronceado en el episodio tres de la décima temporada de Friends (2003).

En el episodio doce de la novena y última temporada de Seinfeld (1998), Jerry decide cambiar su billetera por una European carry-all (cartera) para mejorar su postura. Una cartera muy parecida a la que Joey utiliza para una audición y para guardar sandwiches en el episodio trece de la quinta temporada de Friends (1999).

Siguendo con temas de moda, en el episodio veintitrés de la temporada siete de Seinfeld (1996), Kramer decide usar jeans slim fit para probarle a sus amigos que sigue teniendo el cuerpo de un pre adolescente sueco. Al igual que en el episodio once de la quinta temporada de Friends (1999), en el que Ross decide comprarse unos tallados pantalones de cuero como parte de su resolución de nuevo año. En ambos episodios otro personaje intenta sin éxito ayudarles a salir de ellos.

Ahora toca un ejemplo filosófico. Katra es un término utilizado por Cosmo Kramer en el capítulo uno de la octava temporada de Seinfeld (1996), para describir un estado mental de completa confianza en sí mismo. Gracias a confiar en su katra logra convertirse en el campeón de su clase de karate (a la que solo asisten niños), y motivar a Elaine para enfrentar los retos de su nuevo puesto de trabajo. Algo muy parecido al término Unagi inmortalizado por Ross Geller (y también aprendido en su clase de Karate) en el capítulo diecisiete de la sexta temporada de Friends (2000). Aunque en el caso del último el significado era un estado de alerta total, el concepto del chiste es el mismo.

En el último episodio de la octava temporada de Seinfeld (1997), Kramer acude a los premios Tony contratado como seat filler y, por equivocación y coincidencia, sube al escenario con el elenco del musical Scarsdale Surprise y se lleva el premio de Raquel Welch a casa. Algo muy parecido al episodio dieciocho de la séptima temporada de Friends (2001), en el que Joey Tribbiani decide quedarse con el premio que debía entregar en la ceremonia de los Soapy Awards.

Por último (aunque vaya que hay varios ejemplos más), los terroríficos pasos de baile que Elaine Benes ejecuta frente a sus compañeros de oficina en el episodio cuatro de la octava temporada de Seinfeld (1996), fueron replicados en pareja y en un contexto distinto (pero no menos vergonzoso) por los hermanos Geller en el décimo episodio de la sexta temporada de Friends (1999).

En contexto, Seinfeld es una comedia más ácida que Friends y que la mayoría de sitcoms que le siguieron (con pocas excepciones) y, en lo personal, le doy el mérito de nunca haber utilizado relaciones amorosas entre sus personajes como un gancho para mantener a su audiencia pendiente del siguiente episodio. Es una serie sin rumbo que no pretende dar lecciones, sino demostrar que la vida está compuesta en buena parte por momentos intrascendentes que, no por ello, dejan de ser graciosos y memorables.

En esta pieza se exponen algunos ejemplos de los múltiples chistes y situaciones que una serie tan legendaria como Friends robó de la madre de todas las sitcoms; aunque estoy seguro que el fandom duro de Rachel, Monica, Phoebe, Ross, Chandler y Joey podrá encontrar aún más similitudes entre los personajes y las historias de estos dos grupos de amigos neoyorquinos a partir del primero de octubre; fecha en la que Seinfeld llegará de manera oficial a Netflix.

Me parece que a este mundo cada vez más polarizado y lleno de gente que cree ser dueña de la verdad absoluta le hace falta un par de maratones de Seinfeld. Tal vez así entenderíamos que, en el fondo, todos somos una mierda.

                                            Etcetera News, Guatemala, 17 de septiembre de 2021