Día de la disparidad cultural

No hay conmemoración sin reivindicación.

Día de la disparidad cultural

Si los días festivos fueran equipos de fútbol, El Día de la Raza estaría peleando el descenso con El Día del Padre y el Día Internacional de las Legumbres. Basta ver un almanaque de cerca y con atención, para darse cuenta que todas estas fechas importantes fueron inventadas para hacernos creer que cada vuelta que le damos al sol, está cargada de momentos dignos de conmemorar como sociedad. Pero vaya si días como el de la raza nos demuestran todo lo contrario.

La forma más certera que hay para catalogar una fecha conmemorativa como importante, es si el pensamiento de olvidarla nos genera preocupación. Por ejemplo: olvidar comprarle un regalo a la mujer que nos dio la vida el diez de mayo nos genera preocupación; olvidar sorprender con rosas, chocolates o ropa interior a nuestra pareja el catorce de febrero nos genera preocupación; olvidar visitar a nuestros muertos el primero de noviembre y que se ofendan en el más allá, nos genera preocupación. Pero el Día de la Raza no nos genera preocupación alguna. Nos es indiferente, al igual que todo lo relacionado con los pueblos originarios de nuestro país. Prueba de ello es que las únicas dos tradiciones que tenemos para celebrar la historia indígena consisten en disfrazar a niños blancos de inditos, o hacer cartulinas sobre la leyenda de Tecún Umán .

Son ese tipo de falsas celebraciones las más dignas representantes del racismo que aún ahorca nuestro progreso. Porque demuestran de forma simple y tangible, que lo más cerca que muchos hemos estado de personas indígenas es a través de un niño disfrazado de uno de ellos, o de un cuento en el que el protagonista indígena termina asesinado (como siempre). No hay conmemoración sin reivindicación. Y reivindicar a quienes han estado aquí desde siempre, es muy peligroso para el status quo de un país que fue construido sobre las espaldas explotadas de los olvidados.

Es curioso cómo el origen de las celebraciones es siempre el detalle más ignorado, y se debe a que también es el más incómodo. Por eso es tabú hablar del verdadero origen de la Navidad, y por eso, también, nadie nunca nos explicó que detrás de la creación del Día de la Raza estuvo un abogado y político español llamado Faustino Rodríguez-San Pedro. Una ironía equivalente a que un miembro del Ku Klux Klan hubiera instaurado la celebración de Kwanzaa en Estados Unidos. El motivo de la conmemoración es la llegada de Cristobal Colón a América. En otras palabras, cada 12 de octubre conmemoramos el día en el que los indios fueron dignos de ser considerados personas.

Para conmemorar debemos entender. Porque el entendimiento nos permite ver el panorama completo, y cuando somos capaces de hacer eso, la empatía se hace presente. Acusamos a los gringos de ignorantes, cuando la mayoría de nosotros somos su espejo en nuestro terruño. Escasos son los guatemaltecos que conocen la cantidad de idiomas mayas que se hablan dentro de nuestras fronteras, y aún más escasos son los que entienden la infinita deuda que tenemos con quienes estuvieron aquí mucho antes que nosotros.

Destruyamos estatuas y pintemos órganos copuladores en monumentos que representan los valores falsos sobre los que se fundó este país. Pero, sobre todo, luchemos para que a las nuevas generaciones les enseñen la verdadera historia de los pueblos originarios de América, y las repercusiones que esa historia continúa teniendo sobre sus destinos. Exijamos que se les muestren las atrocidades de las que fueron víctimas, y que se les explique el bloqueo de oportunidades con el que enmudecen sus exigencias de reivindicación.

El patriotismo no es ese orgullo superficial por las ruinas y las maravillas naturales que se encuentran en este pedazo de tierra, sino la constante lucha comunitaria por garantizar una vida digna a todas las personas que nacieron aquí. Por eso, mientras se sigan conmemorando días como este, nuestro amor por la patria continuará siendo de cartón, y nos mantendremos atascados en el siglo veinte.

Una de las grandes señales de progreso será el día en el que desaparezca el pánico colectivo al visualizar a una mujer o a un hombre indígena en la silla presidencial. Con semejante conquista podremos respaldar un nuevo patriotismo, y abrir, por fin, las puertas del siglo veintiuno.

         

                                                 Etcetera News, Guatemala, 12 de octubre de 2021