Dejame Contarte un Cuento

En donde me extiendo para discutir los privilegios de escribir...escribiendo.

Dejame Contarte un Cuento

Recomendación: The Sense of an Ending de Julian Barnes


‘¿Qué tan a menudo contamos la historia de nuestra vida? ¿Qué tan a menudo ajustamos, embellecemos, cortamos por aquí o por allá? Y a medida que pasa el tiempo, hay menos personas que pueden desafiar el recuento, menos personas que nos recuerdan que nuestra vida no es nuestra vida, apenas una historia que decidimos contar de nuestra vida.’

Existe una cierta vanidad en el recuento, un privilegio mórbido que te brindan las palabras cuando decidís cual le sigue a cuál (pueden ver mi privilegio en este enlace). Ningún otro medio lo ostenta con tan poca vergüenza, que con esta oración o este artificio literario pueda secuestrarme los hechos, desfigurarlos y reorganizarlos para servir mis propósitos y los de nadie más, yo soy dueña del mundo o por lo menos yo mando entre mis páginas y monólogos.

On The Privilege Of Being A Writer
My mother’s father was a coal miner. (Died of black lung.) My father’s father was a farmer. Sun up to sun down. My father worked 4AM to 4PM in a chemical-rich pigment factory. My mother…

Tiene que ver con el ego y la incansable batalla para mantener el control. Además que la mayoría de escritores se arman de una panoplia de neuroticismos e incertidumbres, síndromes de impostor y la búsqueda inefable de atención, tenue por momentos y abrasiva por otros, siempre buscando la frase o la idea que asombre sin importar su veracidad, como puedo contarte lo que me pasó ayer para que sintás algo similar a lo que sentí yo en ese momento insignificante, pero no me juzgues mucho, y no penses mal de mí, porfa.

Ahora todos somos escritores, se nos ha bienvenido a la plaza central del discurso y el diálogo, y nos olvidamos que al retratar los hechos se nos confirió un privilegio y una responsabilidad; el reunir palabras lleva consigo un repertorio de expectativas, la más importante es que seas agente, discípulo y devoto a la causa de la verdad. Con tus tweets y tus artículos y tus opiniones publicadas y tus cuentos y recuentos estas conformando el ecosistema de experiencia humana: de alguna manera vos vas a determinar esta realidad tan frágil.

Pero, si me empeño en adoptar un poquito de empatía y pragmatismo, puedo aseverar que no es culpa de quien escribe que el cuento salga al revés. Vos viviste lo que viviste y así lo grabaste en tu memoria, tal vez no tuviste a tu alcance todas las palabras, solo las últimas que escuchaste, y sin intenciones perversas ni agenda escondida se fue malogrando el recuento, es inevitable, nació un Frankenstein de pedacitos de casi-fue-así o bueno-pero-yo-me-acuerdo-que y luego alguien más escuchó o leyó y contó y escogió sus propias palabras que aceptaban ciertas notas y omitían otras—siempre trabajamos como editores escondidos, sin querer hacerlo, estoy segura, nadie quiere no ser transparente, verdad, ni el escritor desquiciado con sus paranoias, ni él quiere ofuscar a propósito, verdad, ni vos ni yo, nosotros no somos así, o por lo menos casi nunca, no queremos escribir así, no queremos ser así, ¿verdad?

The Sense of an Ending: 150 páginas, un recuento, chiquitito, el privilegio exquisito de las palabras, el mejor ejemplo de como las historias que nos contamos de quienes somos no tienen nada que ver con quienes somos.