Calladita más Bonita (o como 'Talk Politics' en tu País)

La respuesta corta es mejor no. Mejor no hablar de política en tu país, mejor no compartir tu opinión, o darte color, o impartir cualquier pedacito de conocimiento que tal vez tengas. Mejor no involucrarse en diálogos de como vos consideras deberían de ser las cosas. Mejor no hacer, ni decir.

Calladita más Bonita (o como 'Talk Politics' en tu País)

Esta semana me más o menos convencí de que iba a escribir acerca de las ZEDEs en Honduras.

Fuente: Criterio.hn

(Como si no fuera suficiente la autoinmolación de escribir acerca de Israel y Palestina…pero con la juventud viene la necedad y no es hasta que se vaya una que se va la otra).

Le pregunté a unos amigos, qué está sucediendo en el mundo, y por qué me importa.

Bezos se las da para la luna, un criminal recibe su justa recriminación…

No. Hablemos de Honduras, si allí fue que me hicieron. Mercancía de cinco estrellas (ish), ella se dará la tarea de contar su tierra querida, de hacer un esfuerzo por traducir ideas en palabras interesantes y exactas. Voy a esforzarme.

Investigando las ZEDEs en Honduras

Lo primero que hice fue escribirles a las personas que conozco, personas en cuyas opiniones confío. Cierto que de alguna manera ellos también tienen su sesgo, entonces fueron varios WhatsApps, llamadas, mensajes por Instagram, etc.

Que si quería saber de Próspera, o de las ZEDEs.
Que si había leído la ley (¿Qué ley?).
Que porque me importaba, que porque no tenía claro como me tenía que sentir al respecto.

Como las conversaciones entre amistades y familiares se tornaban hacia lo territorial (#pun), acudí al amigo que no era partidario ni se dejaba apasionar por el tema: me fui a Google.

Fuente: Autora

El primer PING fue la página hondureña—me enorgullezco en reconocer la labor de SEO que ha realizado mi país.

Encontré una página inglesa en español, un Substack en inglés, encontré un perfil de LinkedIn, encontré muchas cosas interesantes. Me sumergí en las aguas turbias de Twitter (me distraje con un video de un ciclón). Hasta mi querida Alemania tenía algo que decir sobre el asunto.

También encontré un error ortográfico, y todo el orgullo de un momento atrás se me esfumó. Fue aquí, hundida en el horror preposicional de una página de web, que comencé a construir una opinión.

Yo (Ya) No Vengo a Decir un Discurso

Sin embargo, no quería detallar mi opinión.

El artículo iba a ser un reportaje, vaciado de opinión (si acaso es posible), sin ornamentación ni palabras barrocas o excesivas. Mi intención era de informar, de apuntar a las fuentes confiables, como EspacioH, el primer think tank hondureño, fundado por Álvaro Castillo, que me invitó a escuchar un live hoy viernes 11 de junio a las 6:00 PM en las redes sociales de EspacioH.

Implicaría mucha lectura, mucha investigación, llamadas largas que podrían resultar en palabreadas, amistades concluidas, resentimientos, el posible desarrollo de una reputación particular en base a lo que los demás pensaban, cancelación abrupta y tristeza.

Me tenía que comprometer a escribir palabras cuidadosas. O tal vez no quiero decir cuidadosas, sino palabras escritas con cuidado. Buena redacción, un sentimiento de optimismo al final.

Honduras - Cayos Cochinos
Photo by Angello Pro / Unsplash

Iba a dedicarle toda esta energía a unas 1000 palabras, iba a construir mi argumento, iba a entregar los hechos y lo iba a publicar y esperar con ansias para que el mundo me halagara. Escribiría el artículo que yo quisiera leer, de una fuente de confianza, sin malas intenciones, sin sesgos (o por lo menos que trataba de reconocer sus sesgos), un escrito de calidad.

(El lector astuto reconocerá que ni se me ocurrió que tal vez no estoy calificada para la tarea. Que decirles, los escritores son egos andantes.)

Pero literalmente no quiero escribirlo.

Me horroriza la idea, de que una persona tome mi trabajo cuidadoso y ni lo lea y me diga que no que no es así (Diego escribió algo interesante acerca de este tema). O que esa persona lo publique en sus redes sociales y me deshaga a criterio personal en vez de dialogar mis argumentos. Me imaginaba amaneciendo con 500 tweets malcriados, que me despedían por opinada, que me quebraba mi novio por tonta, me imaginaba tantas cosas que le han pasado a gente más importante e inteligente que yo.

Es un dramatismo de como suceden las cosas en el 2021. Tal vez no es así siempre. Tal vez una lectora encuentra mi artículo y lee algo que le gusta, y construye su argumento y es mejor que el mío. Que daría por vivir en ese mundo.

Nunca voy a darme cuenta, porque nunca lo voy a escribir. Estoy exhausta, aun antes de compartir mi opinión crítica. Ni estoy segura de que mi opinión valga mucho. Aunque me gustaría saberlo, tratarlo, platicarlo, entrar en desacuerdo, cambiar de parecer y después cerrar el tema cordialmente. Me gustaría vivir en una sociedad en donde las palabras que uno dice no sean blancas o negras: me gustaría vivir en una sociedad de pantones.

Ni modo. Calladita más bonita.